
martes, 9 de marzo de 2010
Celestino no estás fino

jueves, 4 de marzo de 2010
Al debate...por los cuernos

Hace poco he releído una gran frase “…esta vida mía, que no es, ni más ni menos que todas las vidas que merecen llamarse tales, sino una sucesión constante de esfuerzos dramáticos para afirmar una personalidad penosamente forjada en lucha con el medio”. Lo cierto es que aunque pueda parecer la frase de un filósofo o la de un existencialista consciente la leí en la boca de un torero en “Juan Belmonte. Matador de toros” (altamente recomendable). La realidad, es que la frase es de Manuel Chaves Nogales pero en el juego ficción-realidad de este libro sale de la boca de un Belmonte, revolucionario del toreo, lírico que acerca a éstos (los toreros) más a la figura del esteta que a la del personaje de farándula que podemos tener hoy.
No leí el libro por conocimiento de la figura, ni siquiera por amor al toreo sino casi por amistad ya que un buen amigo dedica a Chaves Nogales las mejores horas de su día. Sin embargo, el libro me permitió profundizar en un tema que siempre me ha fascinado. La lucha del hombre con el toro mano a mano, la posibilidad de la muerte, el toreo a cuerpo en las dehesas sevillanas, el olor de la gloria, la sequedad del fracaso… Es cierto, me gustan los toros sin llegar a ser un apasionado y confesando que podría pasar sin ellos sin ningún problema. Con suerte acudo una vez al año a una plaza de toros y jamás he dejado nada de lo que tenía entre manos por ver una corrida en la televisión. Es un mundo en el que me muevo torpemente, para el que no tengo ninguna clave interpretativa para saber si una faena ha estado bien ejecutada o mal, salvo el instinto que te hace dejar las manos rojas de aplaudir o los movimientos espontáneos que uno hace en su asiento de la plaza imitando el movimiento que el torero debería hacer para evitar la cornada.
Entiendo al que no guste, que conste. A mi no me gustan los botes de mierda que colocan en los escaparates del Village de Nueva York mientras dos “gafapastas” se quedan atónitos mirando hasta que el metano hace que los botes revienten y los llenen de heces hasta la coronilla. Y a eso lo llaman arte, genial, lo respeto…eso sí, de lejos no vaya a ser que salpique.
Otro cantar es el de la prohibición institucional. Que se debata estos días en Cataluña la posibilidad de prohibir el toreo es denigrante y vergonzoso para quienes aman la libertad. Por supuesto, el Estado está para salvaguardar el orden y la justicia pero no para dictar ni juicios morales, ni religiosos, ni mucho menos estéticos. Legislar sobre manifestaciones estéticas, siempre que no atenten al orden social, es un resto stalinista que no se puede admitir. Los que se declaran defensores de la libertad, los que dicen que lucharon en este país por ella son los mismos que ahora nos la quieren quitar y afectando no sólo a la libertad política sino a manifestaciones mucho más hondas de nuestra existencia como son las de religiosidad o las de los gustos estéticos.
Lo peor de todos es que los términos del debate están falseados. Si el tema del toreo pasa por el Parlament de Cataluña estos días es simple y llanamente, porque el toreo se asocia a lo español y, no en vano, se denomina la fiesta nacional. No creo que haya que sobredimensionar la relación entre lo español y el toreo ni para bien ni para mal. Pero también resulta deshonroso para la clase política catalana el apelar a criterios humanitarios (aunque más bien habría que denominarlos “animalitarios” por lógica taxonómica) para ocultar una ideología y un plan político muy determinado.
El toreo es atacado por ser “lo español” frente a la Sardana, por ejemplo, que es “lo catalán”. Sin embargo, no se puede aceptar ni que se falsee un debate, ni que se atente contra la libertad ciudadana. Habrá que rogar para que no se obligue a todos los catalanes a bailar la Sardana…y para que no llenen la preciosa ciudad de Barcelona de botes de mierda al grito de “es catalaaaaaaán” del primer iluminado de turno.
jueves, 25 de febrero de 2010
El ocaso de los ídolos

La definición de “ídolo” puede ser abordada desde múltiples puntos de vista, sin embargo, si alguna tiene interés por los efectos que producen los ídolos es la psicológica. Según Freud un ídolo es una sublimación del “yo” proyectada al exterior y encarnada en otro sujeto u objeto (en cuyo caso se acerca al fetichismo) con el que se establece cierta relación se sumisión. El “ídolo” puede ser compartido colectivamente cuando varios sujetos subliman el mismo sujeto u objeto. Esta sublimación colectiva alcanza una importancia capital cuando aparece en el campo político en el que las diferentes fuerzas pugnan no sólo por la consecución del poder sino también por la creación y predominio de una weltanschaung, visión del mundo. Ya Donoso hablaba del empleo de los “héroes” como elemento ejemplificante de las diversas corrientes políticas.
El marxismo ha sido plenamente consciente de la importancia de los ídolos y de la necesidad de dominar los fetiches culturales. Quizá ha sido Gramsci el que ha hablado con una claridad más meridiana acerca de este hecho. Para el autor italiano el objetivo es la “hegemonía” en la que se mezcla un dominio no sólo del poder sino de las fuerzas sociales y culturales, es decir, las portadoras y creadoras de nuevos ídolos. Sin embargo, como es obvio no sólo el marxismo ha tenido sus ídolos, toda forma de comunión política colectiva, nacional o ideológica, tiene sus mitos.
Sin embargo, es cierto que tras el final de la II Guerra Mundial ha sido el marxismo el mayor forjador y publicitador de mitos políticos, quizá por el carácter utópico del propio marxismo necesitado de la creación de ídolos identificables con una función totémica respecto del futuro triunfo de la revolución del proletariado.
Pero hace ya años que los ídolos de la izquierda marxista o marxistizada han ido cayendo. Primero cayó el marxismo ortodoxo (si es que alguna vez ha existido algo como la ortodoxia en el marxismo) que requirió de reformulaciones ante la contradicción con la más pura de las tablas veritativas, la historia; también cayó el socialismo real derrumbado con la caída de un simbólico muro que cubrió todo argumento pragmático a favor del comunismo… La izquierda no hizo examen de conciencia y tuvo que apelar a ejemplos menores que poco a poco les fue alejando de la doctrina marxista y fue mutándose en socialdemocracia contrita respecto de su pasado totalitarista.
Claro ejemplo de esto es el PSOE que elimino la ideología marxista de su credo en su 27º Congreso en 1979 de la mano de Felipe González. Sin embargo, la memoria, que es la inteligencia débil del hombre, suele pronto borrar lo que las sociedades han aprendido. Y prueba de ello es la asunción por parte del socialismo español de Cuba como uno de los últimos ídolos de una utopía que algún día abrazaron. Claro ejemplo de esto es la ostpolitik del ministro Moratinos que él llama de “mano tendida”. Durante los últimos años el gobierno con su política de entendimiento con el castrismo ha dado lugar a cierta rehabilitación internacional del régimen cubano. No importó las flagrantes infracciones de los Derechos Humanos o, si no se esta de acuerdo con estos, el ataque sistemático a la dignidad del ser humano. Simplemente, se mantuvo Cuba continuo siendo para la izquierda tanto política como intelectual el ejemplo de la utopía cumplida. Dios nos libre de estas utopías.
Poco le importaba a la progresía que el régimen cubano atacara aquello que ellos consideran derechos sociales, como la unión homosexual perseguida por el castrismo con pena de cárcel. Poco importaba también que no hubiera derechos civiles ni políticos, Cuba no era un país, era un ídolo.
Sin embargo, la presión internacional o, todavía mejor, el golpe de realismo que supone la muerte por inanición de un represaliado político parece que han espabilado a los líderes del Gobierno que, por fin, plantan algo de cara a la dictadura cubana. Esperemos que implique un gesto de madurez por parte de la izquierda cultural y política española. Los ídolos caen, si no quieren caer con ellos ya saben lo que tienen que hacer. Coherencia.
PD: Bochornoso lo de Moratinos diciendo que no se pronuncia acerca de una declaración contra el régimen cubano ya que le toca a otro miembro del gobierno que merece su, y cito textualmente, minuto de gloria,
miércoles, 24 de febrero de 2010
La "prisarquía" contra la TDT

El País ha hecho saltar la liebre con el artículo “Los Ultras conquistan la TDT”. Desde luego prefiero literariamente lo de “La caverna mediática españolista” de Laporta y cía que tiene más glamour, está menos manido y es más colorista. Parece ser que la izquierda española está asustada ante una, para ellos, más que alarmante oferta televisiva dirigida ideológicamente al centro-derecha o, por ser menos eufemístico, de clara impronta conservadora que ha encontrado en la amplitud de la TDT un hueco que se le había negado hasta ahora. La verdad es que si algo se le puede agradecer al grupo PRISA es la claridad ideológica que demuestra en sus páginas y que le lleva a echarse las manos a la cabeza por el hecho de que las tertulias de contenido político son "Coloquios monocolor en los que se destilan los argumentos más reaccionarios y ultras han conquistado las pantallas de la nueva television”.
Es curioso que hasta ahora nadie se haya quejado de la superioridad de la presencia de la izquierda en el mercado informativo español. Ha habido momentos en los que a nivel de prensa escrita, radio y televisión la izquierda ha sido abrumadoramente mayoritaria y, sin embargo, nadie protestó al respecto. Se daba por hecho que la izquierda había ganado tanto la batalla de la cultura como la mediática. Sin embargo, ahora que la TDT ha proporcionado el lugar idóneo para esta “revolución conservadora” de nuevo cuño procuran azuzar los temores del pensamiento único. Probablemente, fruto de que eso no solo significa una caída de los voceros izquierdistas (Cuatro, por ejemplo, pasa por un momento de decadencia total y Gabilondo ya ha puesto pies en polvorosa rumbo a CNN+ donde sus servicios hacia la “Prisarquía” seran notablemente más fecundos) sino porque índica un cambio sociológico poco propicio tanto para la izquierda política como para sus lobbies mediaticos.
Por cierto, que resulta llamativo el hecho de que ponen a sus propios medios como ejemplo de objetividad e "independencia", si no fuera tan enojante causaría hasta gracia. Es el viejo adaggio del apoliticismo y la acusación de "político e ideológico" al oponente. Algo que ya hacía Marx cuando denominaba "científico" a su socialismo. Sólo que en esta ocasión resulta tan burdo que ni siquiera merece más palabras salvo que todo totalitarismo considera la opinión contraria como bastarda de la ideología o el interés mientras que las ideas propias son fruto de la realidad de las cosas. ¿Se creen ustedes de verdad lo que dicen señores de PRISA?
Antonio Jiménez, director y presentador de El gato al agua, defiende en libertaddigital.com que el éxito de esos productos radica en que hay un gran público que ha conectado con sus ideas y que estaba necesitado de productos de ese tipo. Es decir, que lo que para la izquierda es un síndrome de intolerable dogmatismo en realidad es la satisfacción de una necesidad latente que se ha visto satisfecha, así parece indicarlo el comportamiento del libre mercado audiovisual.
Ante este infundado miedo de la izquierda, a no ser que se trate de un miedo pecunario en cuyo caso es normal que tiemblen, lo correcto sería interpretar este fenómeno como un hecho de gran riqueza democrática. A una sociedad plural y multiforme le corresponde un Mercado mediático similar donde todas las voces tengan acogida. La aparición de un bloque conservador opuesto a las grandes corporaciones progresistas es un síndrome de salud que se repite en otros países sin que nadie alce la voz y menos aquel que se considera un demócrata convencido.
Frente a esta postura la de la izquierda es estatalizar también el mercado audiovisual, es decir, reprimir las manifestaciones de la sociedad civil ahogándolas en intervencionismo estatal. Querer crear una comisión (o como se denomine al órgano interventor) para controlar las manifestaciones de pluralismo informativo es una acción típica de una izquierda política profundamente estatalista y poco social, en el major sentido del término.
Capítulo aparte merece la inclusión en el artículo de la opinión de académicos que refuerzan la teoría de la “prisarquía”. Un nombre en particular me ha causado estupefacción, y no lo repetiré por no dañar su honra que bastante tiene el pobre. Cierto es que el personaje en cuestión sólo critica el hecho de que estos productos son de baja calidad formal (cosa en la que se puede estar de acuerdo pese a que son formatos híbridos que han mejorado ostensiblemente) aunque, empatizando con el medio al que se dirige, también deja entrever su disconformidad ideológica con estos programas. De nuevo, la Academia se rinde ante lo políticamente correcto. En pocas aulas se oirá hoy en día algún “pero” hacia la ideologización de los medios de la izquierda mientras que la diatriba contra los medios conservadores es constante…incluso por académicos políticamente conservadores. El mundo al revés. Para los que amamos la libertad y el debate esta noticia nos llena de satisfacción.
Artículo de El País:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ultras/conquistan/TDT/elpepisoc/20100222elpepisoc_4/Tes
Artículo de Libertad digital en respuesta:
http://www.libertaddigital.com/sociedad/el-pais-alerta-del-exito-de-libertad-digital-los-ultras-conquistan-la-tdt-1276385297/
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Entrevista

Carlos Goñi nació en Pamplona hace 24 años. Tras cursar sus estudios en periodismo y filosofía ingresó en el programa de doctorado de la Universidad de Navarra. Compatibiliza su investigación sobre teoría política con la labor docente en la misma universidad.
Pregunta: Un joven de 24 años dedicado a la Filosofía ¿no es la crónica de un paro anunciado? ¿Por qué alguien como usted se dedica a algo con, aparentemente, tan poco futuro laboral y económico?
Respuesta: (Se ríe). Dice exactamente lo que me dijeron mis padres cuando empecé a estudiar la carrera hace siete años. Pero yo lo veo de otra manera. Hay poca gente que se pueda dedicar simplemente a lo que le gusta sin otra valoración extraña a la profesión. Yo me dedico a la Filosofía porque me gusta y porque creo que es algo que construye y aporta a la sociedad. Uno de mis maestros decía que un filósofo gana para comer…pero no para desayunar y cenar (ríe de nuevo). Lo cierto es que siendo versátil se puede dedicar a esta profesión tan bonita sin demasiados apuros. Además, el ser profesor tiene otras gratificaciones no monetarias. El mayor golpe de convencimiento viene cuando un alumno te escribe un mail entusiasmado por las clases y las dudas que le han producido no cuando se mira la cuenta corriente.
P.: Hace relativamente poco que usted da clases pero ¿nota alguna diferencia en el ambiente estudiantil respecto al que vivió usted?
R.: Efectivamente, hace poco que he abandonado la vida puramente estudiantil, sin embargo, he tenido ya tiempo para comprobar algunas diferencias. Recuerdo que en mi promoción en ocasiones casi llegábamos a las manos por nuestras diferencias en cuanto a, por ejemplo, la lectura heideggeriana de la historia de la metafísica. Tomábamos posición respecto a la disciplina y la defendíamos a muerte. Creo que ahora en pocas clases ocurre esto. Los alumnos se han vuelto más apáticos, yo creo, porque incluso la filosofía se ha mercantilizado. Con su primera pregunta lo demuestra, quien viene a esta profesión con la vista puesta en el dinero o la dignidad social, ni las obtiene, ni disfruta su estudio.
P.: Usted ha decidido dedicarse al estudio de la teoría política ¿no es la rama más “impura” de la filosofía?
R.: Lo que pregunta es una cuestión de gran importancia. Los especialistas en mi área dedicamos gran parte de nuestros esfuerzos a defendernos de las acusaciones de los más puristas que consideran que la filosofía versa, exclusivamente, acerca de cuestiones relacionadas con el ser, con la naturaleza humana…Considero que están equivocados quienes niegan el carácter filosófico del estudio de la política. En primer lugar, porque sí trata sobre el ser, pero no el ser en general sino el ser de una realidad humana tan importante como la organización de la convivencia. Y en segundo lugar, aunque relacionado con este punto, cualquier teoría política está apoyada en una determinada visión del hombre que proyecta en su modo de explicar cómo ha de organizarse políticamente una sociedad.
P.: ¿Cuáles cree que son hoy en día los principales enemigos de la teoría política?
R.: Más allá de los errores filosóficos internos a la profesión, que no expondré aquí, considero que hay tres. En primer lugar, el “purismo” ya mencionado que frecuentemente sitúa a esta disciplina en una tierra de nadie bastante incómoda. En segundo lugar, otras aproximaciones científicas a la política. Las ciencias políticas y la consideración sociológica de la política hacen que el estudio filosófico de la política se considere superfluo y no científico. Soy de los que creen que ambos tipos de estudio no tienen sólo que coexistir sino también interactuar. En último lugar, la práctica política no nos lo pone fácil. A mi en clase, en alguna ocasión, me han dicho explicando a Hobbes “nos está vendiendo su moto”. La gente recela de la filosofía política porque los políticos han convertido su profesión en el ámbito del interés y ambición personal.
P.: ¿Y no cree que es así, que el pensamiento político sólo trata de dar forma racional a intereses personales? ¿Qué cree que pueden aportar los teóricos de la política a la vida real?
R.: Sus dos preguntas atacan puntos clave, en mi opinión. En primer lugar, creo que el pensamiento político no ha de estar al servicio de ningún interés o ideología a no ser que se trate del interés por la verdad. Obviamente, y como todo en la vida, hay quienes corrompen su práctica intelectual. Desde mi punto de vista, lo que los teóricos políticos hacen es esclarecer prácticas que están ahí pero sobre las que nadie se pregunta. Poniendo sobre el tapete la racionalidad de las acciones políticas se puede juzgar sobre su validez, sobre su “objetividad”.
P.: ¿No le parece que sus planteamientos sólo sirven para el mundo académico pero en ningún modo tienen un reflejo en la práctica cotidiana?
R.: En España no estamos muy acostumbrados a que haya una sinergia demasiado estrecha entre académicos y políticos, a no ser porque algunos académicos se ponga al servicio de planes partidistas. Sin embargo, en Francia, por ejemplo, las lecturas del Presidente de la República son tema de debate nacional. Sarkozy pertenece a la derecha política pero cuando asumió la presidencia se produjo un gran debate al descubrirse que leía autores de izquierdas. Cuando quien manda en una sociedad se preocupa de lo que lee y a la gente le parece un tema de importancia estamos ante una sociedad sana y madura en la que el pensamiento político riguroso tiene el lugar que merece.
P.: Si no me equivoco usted se está especializando en el pensamiento conservador en España ya que se dedica a la obra de Gonzalo Fernández de la Mora. ¿Por qué ha decidido centrarse en este tema? ¿No le cierra muchas puertas?
R.: Cuando me plantee realizar estudios de postgrado uno de los nombres que baraje fue el de Santiago Carrillo. Sin embargo, una lectura somera de su obra me convenció de que era exclusivamente un político. El pensamiento marxista en España ha sido muy débil en lo intelectual. Sobre Fernández de la Mora, además de la posibilidad de hacer justicia a un gran intelectual hispano que ha influido más de lo que se suele reconocer en la derecha española, me fascinó el intento de reelaborar el conservadurismo en clave racional. Su concepto básico es el de “razón”.
P.: ¿Quiere decir que hasta su obra el pensamiento conservador en España no fue racional?
R.: No, no quiero decir eso. Sin embargo, la tradición conservadora española ha estado unida a grupos sociológicamente e intelectualmente clericales. Con lo cual el discurso de la derecha o no ha existido como discurso intelectual o ha sido profundamente teológico o “eclesial”. Se puede pensar en la época tradicionalista de Donoso Cortés o en la empresa conservadora más importante del pasado siglo, “Acción española”, para entender esto. Fernández de la Mora representa el intento de poner al pensamiento conservador a la altura de su tiempo. En una sociedad intelectualmente postcristiana, me parece fundamental su obra porque sólo enfrentando dos, o más, pensamientos racionales se puede hacer fructífero el discurso público.
P.: ¿Quiere decir que hay que arrancar los planteamientos religiosos en los debates?
R.: Esta cuestión es un arma de doble filo. En primer lugar, si lo que se pregunta es si la Iglesia puede o no opinar sobre el contenido y la dirección de diferentes leyes y políticas mi respuesta es que está plenamente capacitada para ello. Independientemente de si uno es o no cristiano, hay que reconocer que la Iglesia es un agente social de primera magnitud. De la misma manera que sindicatos y otras organizaciones sociales opinan sobre temas políticas la Iglesia puede hacerlo. Pensar lo contrario me parece un signo de totalitarismo peligroso.
Si, en cambio, lo que se pregunta es si en política se pueden defender planteamientos religiosos de forma confesional, no me parece lo más adecuado. Que una determinada política se autodenomine “cristiana” es un riesgo para la propia religión. Muchos de sus contenidos serán genuinamente cristianos (defensa de la vida, de la dignidad humana, de la dignidad del matrimonio…), sin embargo, habrá otras muchas que serán materia opinable y, por tanto, un foco de ataque hacia la Iglesia en cuestiones que no están relacionadas con su mensaje.
Además, y siento extenderme en este punto de tanta trascendencia, la mayoría de las “sentencias” políticas de origen religioso son racionales. Considero que la defensa de la vida no está directamente relacionada con creer o no en Dios, si fuera así no se podría sino dirigir este mensaje a los cristianos en exclusiva, sino que es un tema defendible racionalmente.
P.: “Conservadurismo”, “derecha”, “Iglesia”… ¿No se dedica usted a temas muy pop que digamos?
R.: Supongo que este forma parte de mi segundo suicidio intelectual (Ríe). Creo que el estudio riguroso y sin apasionamientos, más bien “superapasionados” por la verdad, es a la larga garantía de reconocimiento público.
P.: Parece que tiene usted una concepción muy alta respecto de su profesión ¿Cuáles considera virtudes esenciales para desarrollarla?
R.: Claro, creo que la filosofía tiene un carácter terapéutico respecto a los defectos humanos, es decir, que es una forma de vida que le hace a uno mejor. Y el estudio de la política, como parte de la filosofía, tiene gran parte de esto ya que es la parte de la filosofía que más en carne viva está, que más tiene que ver con la condición humana. Las virtudes que se requieren tienen que estar al principio pero también son algo que se va confiriendo con el tiempo. Laboriosidad, honestidad, humildad, rigor, desinterés personal y pasión por la verdad son, sin duda, las que yo considero centrales.
martes, 24 de noviembre de 2009
De imsomnios y artistas. Gracias

Ya sabéis, los cuatro gatos que leéis este blog, que no me gusta demasiado hablar de mí mismo. Ya lo dije una vez, creo que de lo que pasa en mi día a día hay pocas cosas resaltables como para montar un blog. Además, qué se le va a hacer, soy de los que le gusta ir a la playa con bañador hasta la rodilla y no un “modernoso” que va con una tira de tela color leopardo o ni siquiera ese escaso bagaje. Sin embargo, hay lecciones recibidas que, por muy íntimas que sean, merecen ser desgañitadas a los cuatro vientos.
Hoy a eso de las 6 de la mañana volvía a casa y, por enésima vez durante las últimas semanas, no era volviendo de Marengo ni similares. Volvía de trabajar, de pulir textos, de darle vueltas a dobles páginas que parecían terminadas a las 11 de la noche, de lijar destacados y apuntalar ladillos. Un trabajo de artesanos que me ha robado el sueño literalmente durante las últimas semanas. Durante estas sesiones de trabajo abnegado he recordado una cosa que me dijo una vez un profesor. “El trabajo intelectual es, en el fondo, como una cadena de montaje. Si falla un puesto todo se viene abajo”.
El periodismo, a medio camino entre la artesanía y la reflexión, encarna, quizá más que cualquier otra disciplina, ese carácter industrial del hacer humano que se basa en que nadie puede hacer las cosas por sí mismo. Para hacer cualquier cosa necesitamos a los demás. Yo no puedo más que dar aquí las gracias por los mimbres con que he contado en este tiempo, con los trabajadores que no han sucumbido al desaliento, con los artesanos de las guardias de 12 y trece horas, con los orgullos que sacan fuerzas de flaqueza… Aquí están mis cuatro gladiadores. Sí, porque fuimos cinco y rendimos como 30.
El hombre de los nervios de hielo: El hombre imperturbable. Cuenta la leyenda que sus pulsaciones no superan jamás las propias de una caminata relajada por el paseo del Arga. El auténtico “hombre despieces”, documentalista de postín y capaz de captar casi cualquier giro lingüístico propio de la deformación geográfica. Gracias.
Maese Camuñas: Un grande en el trabajo. De esas personas a las que se le puede pedir hasta lo más inverosímil y por toda respuesta sólo tiene un “Dame cinco minutos”. Pura energía y orgullo para darse cabezazos contra el Everest si ello es necesario. Un mago con el ordenador: rápido como Messi y habilidoso como la mejor versión de Ronaldinho. Un Maquiavelo en miniatura para el que ningún movimiento es casual. Un placer trabajar con personas así. Gracias.
El trituratextos: La prueba fiel de que este deporte no lo juegan sólo los tipos con más relumbrón sino aquellos a los que les gusta, les gusta mucho, les gusta de verdad. Un Livingstone de los textos que convertía en pradera verde y transitable textos selváticos y demasiado frondosos. Un insatisfecho por naturaleza al que he visto con un ojo cerrado rojo de irritación pidiendo una lectura más a las cinco de la madrugada. Risa sonora durante el día y sollozos de “pulgoso” a partir de las doce. Gracias.
El látigo burlatarra: Dicen que todo gran hombre tiene detrás una gran mujer. No me imagino que tipo de superhombre es sostenido por esta supermujer. Entró casi por la puerta de atrás llamando suave para no hacer ruido y su aportación ha sido fundamental. Organizada y laboriosa hasta decir basta. La curiosidad supina que caracteriza su personalidad se torna en capacidad para inventar páginas y disposiciones gráficas. Con un “pero” bien ponderado en el labio que disparaba a diestro y siniestro para lograr siempre algo mejor. Una buena compañera de los pies a la cabeza y una risa animante cuando todo parece venirse abajo. Gracias.
Compañerismo, esfuerzo, voluntad de perfección, orgullo rabioso, sacrificio y sobre todo, todo, todo un humor a prueba de bomba nuclear. A los que se preguntan si pasan o dejan de pasar cosas les diré que se pueden dar una vuelta por el mundo de verdad que para algunos ha sido oscuro y con un amanecer al fondo, se llevarán una gratísima sorpresa. Muchas gracias.
PD: No puedo evitar escribir esto sin acordarme de los Guajardos, Guilles, Titinas, Lucías y todos los demás que me enseñaron a disfrutar trabajando en grupo.
martes, 17 de noviembre de 2009
Los nostálgicos del franquismo


La suya no fue una muerte más. El enfermo que sucumbió finalmente al sufrimiento el 20 de noviembre de 1975 había decidido entrar en la historia el 18 de julio de 1936. Más de tres décadas ostentando la Jefatura del Estado hicieron que aquella muerte no pasase desapercibida. Tres días de luto nacional y largas colas para despedir al cuerpo ya inerme del General Franco fueron pruebas de lo especial de aquella jornada luctuosa para los adeptos al Régimen y esperanzadora para los partidarios de la democracia.
Repentinamente España adquirió la mayoría de edad política y experimentó una transición a la democracia culminada exitosamente a pesar de los movimientos desestabilizadores de los sectores más radicales del Régimen, cuya manifestación más notoria fue el golpe de Estado del 23-F. La sombra de quien había sido jefe de Estado durante 36 años se extendió sobre el proceso transitorio, habida cuenta que éste se concibió como una reforma de las propias leyes franquistas y no como ruptura.
Sin embargo, el consenso entre las fuerzas políticas partidarias de la democracia arrinconó progresivamente a los grupos más involucionistas. El miedo fue desapareciendo y la figura de Franco perdió la veneración oficial y popular de la que, supuestamente, había gozado durante su mandato, convirtiéndose en el ejemplo histórico de lo que no debía volver a repetirse. La Ley de Memoria Histórica sólo es una de la últimas manifestaciones de la demonización general del periodo franquista.
Pero la figura de Franco no es censurable para todos. Algunas personas agrupadas en partidos políticos, asociaciones culturales o escuelas de historia muestran diariamente su adhesión al dictador y quieren recuperar su figura protegiéndola de las críticas generalizadas. En un ambiente hostil a sus planteamientos, se mantienen firmes en la defensa de quien consideran uno de los mejores gobernantes de la historia de España.
El apoyo político
El 20 de noviembre de 1975 es una fecha doblemente importante para los miembros de Falange Española de las JONS. Ese día celebran tanto la muerte de Franco como la del fundador del partido, José Antonio Primo de Rivera. Esta fuerza política, heredera de la Falange oficial del Régimen, sigue preservando un gran respeto a la figura de Franco. Contra la imagen habitual que se tiene desde la opinión pública, hay otras “falanges” (como la Falange Auténtica) que critican al franquismo por no implantar plenamente su ideario y por preterir a este partido a favor de otras familias del Régimen. Norberto Pico Sanabria, de 45 años y Secretario General de FE-JONS desde 2005, señala la lealtad de su partido al Régimen pese a que guarda las distancias respecto a la política franquista. “Nosotros somos fieles al mensaje joseantoniano (de José Antonio Primo de Rivera). De Franco hay cosas buenas y malas. Aplicó algunos principios falangistas, pero no todos. Franco preparó la transición, no la revolución social falangista. Sin embargo, si se toma en su conjunto la historia de España, es uno de los estadistas más brillantes”.
Para Pico Sanabria, el Régimen de Franco se caracterizó por su gran desarrollo socioeconómico: “La transición democrática ha sido injusta con la historia. Tras la Guerra Civil el país estaba hundido en la miseria, mientras que, cuando Franco abandonó el poder, España era la novena potencia industrial del mundo”. El libre acceso a la educación universitaria, el desarrollo de la industria o la posición de fuerza adquirida por el país en el contexto internacional son considerados por la dirección de este sector falangista como los mayores logros del franquismo.
Para FE-JONS no existe en España un verdadero partido político de derechas. “El PP es una fuerza tan de izquierdas como el PSOE. En economía y moral son completamente liberales y se han alejado de la Doctrina Social de la Iglesia. De hecho, reclaman lo que reclamaba el socialismo hace diez años en temas tan importantes como el aborto. En eso le van a la zaga”. Considera que esta tibieza del centro-derecha en España es lo que ha provocado que un partido como el PP se vuelva contra la figura de Franco, que ha sido, para los falangistas, el que más avances sociales ha generado en España. Así, Pico Sanabria cree que el socialismo se vio privado de su mensaje propio. “Franco desbordó a la izquierda por exceso de medidas sociales. Es el gobernante más revolucionario de la historia de España”.
Aunque FE-JONS declare que su ideario es diferente del franquista, afirma que el Régimen tenía un gran respeto por los pilares básicos del falangismo. Franco defendió la dignidad del hombre, la idea de España como patria común y la justicia social al margen de la lucha de clases. Esta triada, irrenunciable para el falangismo, ha perdido su sentido en la política actual. Antonio Ayala García, estudiante de Derecho de 21 años en la Universidad Juan Carlos I y afiliado a la Falange, afirma que “Franco nos hizo daño como partido al alejarnos de los puestos de poder. Pero respetó sus principios. Por encima de las etiquetas están los valores y las ideas. Por la defensa que mantuvo de ellos, Franco merece todo nuestro respeto y gratitud”.
El apoyo cultural
Este mismo respeto es el que anima a los miembros de la Fundación Nacional Francisco Franco. Dicha fundación recibe fondos del Ministerio de Cultura para la protección de los importantes archivos, aportados por la familia Franco, que en ella se albergan. La Fundación declara abiertamente su deseo de difundir la figura de Franco en sus facetas política, militar y personal.
Esta labor de difusión se centra especialmente en el mundo de la investigación. La importancia de los archivos pertenecientes a la Fundación obligan a todo investigador interesado en el periodo franquista a consultar sus fondos. Desde la secretaría de la Fundación afirman que ahí reside su principal medio de difusión. “La figura del Generalísimo interesa mucho desde el punto de vista histórico. Estamos convencidos de que una investigación rigurosa hará justicia con la figura de un gran hombre que ha sido fustigada por ignorantes que apelan a tópicos”. La gestión archivística se ve reforzada por la organización de conferencias y ciclos de formación que la Fundación promueve.
Antonio Canellas López, doctor en Historia por la Universidad Complutense de 27 años, ha tenido que tratar habitualmente con la Fundación. “Su labor es importantísima. Uno puede no estar de acuerdo con su espíritu, pero lo cierto es que si no siguieran con su actividad se perderían importantes documentos”. La Fundación no tiene ninguna proyección política y actúa simplemente como asociación cultural de defensa documental del Régimen. La celebración del 20-N es una de las fechas claves para ella.
El apoyo entre los historiadores
Entre los académicos que han acudido a la Fundación con la intención de investigar ha surgido un grupo de historiadores que apoya la gestión del Régimen. La corriente revisionista, representada especialmente por Ricardo de la Cierva y Pío Moa, ha pretendido recuperar la figura de Franco. Desde esta tendencia historiográfica se ha culpado a la izquierda de ser la responsable de la Guerra Civil y se ha calificado al franquismo como un gobierno moderado y de orden.
Esta corriente ha logrado gran difusión en los últimos años. Su importancia ha crecido especialmente con la oposición a la Ley de Memoria Histórica, considerada por ellos como una medida totalitaria. La escuela encabezada por de la Cierva y Moa cree que la ley es injusta y mezquina con el franquismo, al juzgar como criminal lo que ellos entienden que fue una defensa legítima del Estado frente a la revolución marxista que amenazaba España en los años treinta.
¿Lealtad o anacronismo?